Reinventando la antropología política

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Mark F. Hau, Doctorando en Estudios Europeos — @MfHau

Es necesario reinventar nuestra concepción de lo político, adoptando un enfoque más amplio al discernir actores políticos, fijándonos más en las personas y menos en los partidos que integran. Los antropólogos podemos estar a la vanguardia del estudio de la política a diferentes niveles.

Se entiende generalmente por política aquello que concierne a políticos y políticas gubernamentales. Tradicionalmente, el estudio de la política y los partidos políticos se ha llevado a cabo con un enfoque de arriba hacia abajo (Howarth & Andreouli 2017:viii). Sin embargo, la política cotidiana (politics of everyday life en inglés), cómo las personas interactúan, cómo forman comunidades y se organizan en movimientos sociales o cómo establecen vínculos de pertenencia e identidad nacional, son por supuesto también procesos políticos (Ibid.). Es por esto que deberían ser motivo de estudio para todo aquél interesado en entender la política.

Lo político va más allá de lo que crees

La antropología ocupa una buena posición para estudiar la política desde sus bases, entendiendo lo político no sólo como procesos de lucha de poder y demandas políticas en la vida diaria (Ibid.), sino también como representaciones, imágenes e historias que emergen de lo político y con conclusiones morales.

El antropólogo noruego Halvard Vike (2015) ha identificado recientemente que entender la relación entre personas y políticas es fundamental en el estudio de lo político. Sin embargo, no es un objeto de estudio usual para politólogos y sociólogos a causa de limitaciones metodológicas. La gran fuerza de la antropología es pues que nos permite entender la política en términos relacionales, es decir, que no están limitados a los aspectos formales de las relaciones entre instituciones, sino que tratan particularmente de los procesos que cortan a través de fronteras institucionales (Vike 2015:5).

La habilidad de la antropología de moverse a través de fronteras institucionales y, a la vez, arriba y abajo de mundos organizados jerárquicamente, nos brinda una posibilidad única para entender la vida en estados “modernos” y en contextos concretos (Ibid.:6).

Desde este punto de vista pues, política, partidos y gobiernos no se estudian como sistemas abstractos, pero como aspectos de relaciones sociales. Y la antropología siempre se ha enfocado precisamente no en los individuos ni sistemas, sino en las relaciones entre humanos.

Deconstruyendo el “partido político”

Incluso en el estudio de la política en su definición más estricta, la mayor parte de los estudios que existen sobre partidos políticos se centran en la evolución de sus políticas, cambios en su liderazgo y números de votantes. Presentan el partido como un monolito, asocian sus cambios ideológicos a sus líderes y reducen las voces contrarias en su interior a disputas dentro de un pequeño círculo de poder en lo alto de la jerarquía. Comparado a estas perspectivas que muestran un rango tan limitado de actores, el tipo de antropología política que defiendo aquí es una cacofonía de voces, puntos de vista e ideas sobre el partido.

Los miembros importan

Añadir los miembros del partido en el estudio de la política por ejemplo, nos permite atomizar nuestra comprensión del partido y nos abre las puertas a explicaciones más heterogéneas y menos monolíticas de su desarrollo. En los pocos estudios que hay de activistas políticos, hay la tendencia de confundir los individuales completamente con los movimientos, borrando así todas sus idiosincrasias e ignorando su agencia. Como antropólogos, debemos prestar atención a las diferencias que puedan existir entre los activistas en su construcción de una identidad asociada al activismo, más que dar prioridad a los marcos de acción colectiva del movimiento.

De la misma manera, si sólo nos fijamos en los políticos profesionales y los altos cargos de un partido como agentes influyentes en la política del partido, nos perdemos los detalles de la formación del partido y la negociación de su ideología, así como también las complejidades de cómo los miembros se relacionan con la política, la interpretan y la co-crean en un sentido general. Por ejemplo, un folleto diseñado y aprobado por la directiva del partido tendrá poco valor político si los miembros no lo respaldan y simplemente deciden no distribuirlo.

Para entender cómo las personas toman decisiones en realidad, cómo piensan y actúan políticamente, y comprender sus identidades, tenemos que fijarnos en cómo estos elementos emergen dinámicamente en sus relaciones sociales. El concepto antropológico de cultura pone énfasis en cómo los individuales están integrados en comunidades flexibles y deben enfrentarse a muchas y diversas lealtades cruzadas a lo largo de sus vidas. Cultura es algo que todo el mundo hace y no debe pensarse como algo que sólo se origina “arriba” de la sociedad y se difunde a través de ella (Ibid.:14).

En resumen, los procesos de formación de identidad, de exclusión y de categorización ocurren diariamente a nivel de calle entre muchos diferentes actores. La antropología nos aporta excelentes herramientas para estudiar este nivel de política.


Referencias

Howarth, C. & Andreouli, E. (2017). The social psychology of everyday politics. Abingdon & New York: Routledge.

Vike, H. (2015). Forord. Antropologien og den skandinaviske velferdsstaten. Tidsskriftet Antropologi 72.

 


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